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Un paro que nadie logra explicar

Gobierno y Comité de paro sostendrán otro encuentro este jueves 5 de diciembre en horas de la tarde, justo cuando se tiene previsto que arranque la puja entre centrales obreras y Ejecutivo por el monto del salario mínimo para 2020. Tomado de: www.analisisurbano.org

¿Un diálogo de sordos?

Después de 14 días de agitación social en el país, no hay solución a la vista.  Hoy se vive una nueva jornada de paro cívico convocada por las centrales obreras y otras organizaciones afines, en la que miles de personas salieron a las calles, y mañana se tiene previsto la reanudación de los diálogos directos entre el Gobierno Nacional y el Comité de Paro. Sin embargo, desde orillas adversas, ni siquiera se ha logrado un consenso en torno a la metodología para buscar la solución. Como lo han advertido voceros de ambas partes, nadie quiere ceder en sus inamovibles, que, en parte, ya son más políticos que económicos o sociales.

Sin acuerdos sustanciales, Gobierno y Comité del Paro se reunirán nuevamente:  De hecho, en la reunión del martes pasado entre delegados de las partes para tratar de buscar consensos —en un diálogo paralela a la llamada “Gran Conversación Nacional” planteada por el presidente Iván Duque—, ni siquiera se tocaron los 13 puntos del pliego de peticiones del Comité de Paro. De un lado, el Gobierno tratando de frenar las movilizaciones del 4 de diciembre y, del otro, los convocantes pidiendo la no presencia del Esmad y un espacio en la televisión nacional para explicar sus razones de la protesta. En esencia, como dijo Diógenes Orjuela, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), hondas discrepancias frente a si se trata de una mesa de conversación o de negociación.

Por qué se mantienen las protestas en las calles, es la pregunta que se hacen los ciudadanos del común. De un lado, es claro que constituye una tendencia continental, con un ejemplo similar en Chile, donde ya llevan más de 40 días sin una solución a la vista. Por eso, no se descarta que continúen incluso en estos días de festividades. Es notorio que representa también una fórmula política de oposición de aquellos sectores que quieren jugarle a esa protesta como el punto de partida de las reivindicaciones sociales.

¿Qué dice el Gobierno?

La otra veta que persiste en la discusión general tiene que ver con la implementación del proceso de paz firmado hace tres años por el gobierno antecesor y la hoy desmovilizada guerrilla de las Farc. Eso explica, por ejemplo, que la Guardia Indígena del Cauca haya decidido hacer una presencia masiva en Bogotá; y que otros sectores que también reclaman por la misma causa hayan convertido las jornadas de movilización en una estrategia común para llamar la atención del Ejecutivo en torno a pensar que revivir el Acuerdo de La Habana puede ser un camino de reconciliación política en los actuales momentos.

Un factor adicional que desde ya complica el panorama. Se viene la negociación del salario mínimo, que habitualmente termina en un decreto presidencial. A pesar de que el gobierno Duque ha sacado pecho manifestando que hace un año le otorgó el mayor ajuste en los últimos tiempos, de antemano se sabe que va a ser un pulso aparte. No solamente por el entorno político en el que llega a ese escenario, de por sí difícil, sino porque también llega acompañada del trámite de una reforma tributaria, que ya fue aprobada en su primer debate y que es otra piedra en el zapato para conjurar la protesta.

Pero además de esto, se multiplican los motivos de la indignación y el reclamo ciudadano: la muerte del joven Dilan Cruz por parte del Esmad, los anuncios de reformas pensional y laboral (así el Gobierno diga que serán concertadas), los asesinatos de líderes sociales y desmovilizados, el desempleo, el desempleo y los mismos intentos por regular la protesta social. Los sectores económicos —grandes, medianos y pequeños— claman por un acuerdo que les permita sortear con éxito la época decembrina, para ellos la mejor del año. Diego Molano, el vocero del Gobierno frente al paro, dice que siguen dispuestos “a sentarnos para definir cómo se trabaja”.

En otras palabras, lo que se advierte por ahora es un diálogo de sordos, con posturas en contravía que, por fortuna, no se han convertido en un choque de trenes. El Ejecutivo sigue aferrado a su disciplina fiscal, con algunas voces llamando al diálogo, pero otras desde el Centro Democrático, echándole leña a la hoguera con comentarios desabridos contra el paro y quienes creen que son sus instigadores desde el terreno político. Del lado contrario, la misma historia: con una argumentación para oponerse a cualquier medida económica o social, haciéndole a la era Duque un tránsito más complejo.

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