El costo de la energía eléctrica en Colombia podría enfrentar un nuevo ciclo de incrementos en 2026, no por falta de generación, sino por una combinación de factores económicos y regulatorios que terminarían reflejándose en la factura mensual de los usuarios.
Uno de los principales detonantes es el fuerte aumento del salario mínimo, que impacta especialmente el componente de comercialización del servicio, un rubro intensivo en mano de obra. Aunque este no es el único elemento de la tarifa, su efecto se suma a otros costos que ya vienen creciendo.
¿Por qué el salario mínimo impacta la tarifa de energía?
El servicio de energía incluye actividades que dependen directamente del trabajo humano, como atención al usuario, facturación, recaudo y operación comercial. Cuando el salario mínimo sube potencialmente, estos costos aumentan y se trasladan gradualmente a la estructura tarifaria.
Este efecto no se da de forma inmediata ni aislada, pero sí presiona al alza el costo unitario del servicio cuando coincide con otros ajustes económicos, como la inflación y los precios al productor, que también se usan para actualizar los componentes de la tarifa.
Nuevos cargos y ajustes que presionan la factura de energía
Puesto que se suman ajustes tributarios y regulatorios, como el impuesto al carbono y la posible incorporación de nuevos cargos para cubrir obligaciones financieras del sistema eléctrico, que podrían ser asumidos por los usuarios.
Cuando estos factores se combinan —salarios más altos, impuestos, cargos adicionales y actualizaciones periódicas—, el impacto final se siente en el recibo de energía. Además, cabe resaltar que el efecto no es uniforme en todo el país.
Regiones que históricamente enfrentan tarifas más altas, como la Costa Caribe, podrían verse más afectadas debido a mayores costos de distribución, pendientes de inversión y dificultades financieras del sistema eléctrico regional.
Analistas advierten que el debate de fondo no es solo técnico, sino económico y social: cómo evitar que la suma de estos ajustes afecte la capacidad de pago de los hogares y la competitividad de las empresas, sin poner en riesgo la sostenibilidad del sistema eléctrico.
Para este año 2026, el reto estará en definir medidas de contención y alivio que permitan absorber parte de estas presiones sin trasladarlas de manera directa y generalizada a los usuarios finales, pues así lo aseguran.

