Fracasó la iniciativa que se trazó el líder de las Juventudes en Arauca, Juan Qüenza y un grupo de amigos de realizar un cacerolazo contra el comandante de la Estación de Policía a raíz de los continuos hurtos y las recientes muertes que se presentaron en la ciudad capital.
La convocatoria de Juan Qüenza, que la realizó a través de las redes sociales, no tuvo acogida, y a la cita solo llegaron nueve personas con tapas y ollas, que respaldaron la iniciativa frente a las instalaciones de la Estación de Policía.
Muchos curiosos llegaron a los alrededores de la institución policial, pero no musitaron ninguna consigna, apoyo del que sí brindaron los motociclistas y conductores de vehículos que hacían tránsito por el sector.
A través de un parlante de sonido, se hizo alusión a las peticiones al comandante de la institución en Arauca, Mayor Luis Fernando Peña Bernal que llegó minutos después de registrarse la manifestación y a la que se unió el subcomandante del departamento, coronel Elver Gutiérrez Clavijo.
Un intercambio de palabras de grueso calibre calentó el ánimo entre las partes, por lo que los altos mandos policiales reconocieron el error y determinaron con los presentes entablar un diálogo abierto y ameno donde se escucharían las respectivas inquietudes de la comunidad.
En la sala de juntas de la estación de policía por cerca de dos horas se fijaron las posiciones entre policía y comunidad, predominando el tema de movilidad vial, comparendos y la falta de documentos, así como los continuos operativos de los uniformados de tránsito.
Dentro de las peticiones más importantes se acordó retomar campañas como “Cuéntele al Comandante y la Olla Comunitaria”, así como la presencia de más efectivos del área vigilancia en las calles de la ciudad en las horas nocturnas, porque los únicos visibles son los de tránsito.
Juan Qüenza, líder de la protesta, rechazó la indiferencia de la comunidad araucana ante los hechos que vienen ocurriendo en la ciudad, y manifestó que continuará con estas iniciativas de moto que a futuro se logre el propósito que anhelan los araucanos, una ciudad tranquila, sin hurtos y delincuencia.

