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Arauca y las rutas de la guerra

Recorrimos los Municipios que hacen parte del corredor de las Farc y del Eln en Arauca. En una travesía llena de miedo y de silencios.

El colombiano.com María Victoria Correa | Arauca, Saravena, Fortul (Arauca) | 

 

El anuncio de la azafata nadie lo cuestionó: «Señores pasajeros a partir de este momento vamos a apagar las luces del avión. Les pedimos que no hagan uso de la luz de lectura». Al segundo, el avión queda a oscuras.

La lucecita que se veía prender y apagar en el a la derecha desaparece y entonces, el río Arauca adorna el paisaje. Algunas luces titilantes, a las 11 de la noche, se ven abajo en la oscuridad. Al fondo, las luces de Arauca fastidian la vista. Quince minutos después el avión aterriza. Ya es hora de dormir.

En la mañana, Arauca aparece como una ciudad tranquila, sin ruido y sin tráfico. En la terminal docenas de trabajadores se pelean un viaje. De repente, de todos los rincones comienzan a gritar: «Fortul, Fortul, Fortul, el municipio donde está la niña secuestrada, la niña secuestrada». El anuncio no es atractivo, pero aún así, nos embarcamos.

Arauquita aparece después de horas de joropos, bajo un calor que no cede de los 40 grados centígrados. El primero en hablar es su alcalde, José Francisco Vargas, quien manifiesta que desde hace seis meses en todo el corredor fronterizo los grupos armados al margen de la ley vienen atacando a la población civil y a las instituciones, tan fuerte como antes de la presidencia de Uribe.

«Ha habido paros, ataques contra los educadores, contra el oleoducto. Esto tiene mucho que ver con la época electoral en la que los miembros de la izquierda buscan desacreditar al Gobierno, buscan desestabilizar», dice el alcalde.

El viaje continúa
Saliendo de Arauquita, el conductor aumenta la velocidad y sin ningún afán aparente el carro alcanza los 120 kilómetros por hora. Gira su cabeza: izquierda, derecha, derecha, izquierda, tal como si estuviera en un partido de tenis.

¿Y cómo está la situación de orden público por aquí?, pregunta Simón*, un comerciante de Bogotá que viene en plan de trabajo y que está sentado en la parte de atrás del carro. El conductor, don Carlos*, le responde: «ay muchacho, en cualquier momento salen, este es territorio de ellos». Y se enmudece hasta cinco minutos antes de llegar a Saravena, cuando alza la voz para advertir: «Si ven, si ven, por aquí pasó el Eln», dice mientras señala una docena de casas construidas en madera que tienen pintado con rojo «Eln, presente».

En el parque de Saravena todo es ruido. Docenas de bares tienen equipos de sonido a todo volumen y el comercio al mediodía está todo abierto. No hay por dónde caminar. Justo en el parque, al lado de la Alcaldía, Simón se despide no sin antes contar que el primer día que visitó Saravena, hace un par de meses, pensó que había llegado a otro país. «Me sentí en Vietnam. No le exagero. Este es el único lugar de Colombia donde hay que convivir con esos aparatos», dice Simón mientras señala dos tanques de guerra que están estacionados al lado de la Alcaldía escoltados por una docena de soldados sudorosos.

En el tercer piso de un edificio viejo, está el despacho del alcalde de Saravena, Mario Avellaneda. El mandatario más que una oficina, tiene un pequeño búnker al que no todos entran. «¿Qué se le ofrece?», dice un hombre tras una pequeña ventana.

Cinco minutos después, el mismo hombre de apariencia angelical, abre la puerta y se transforma en el más experto de los escoltas, con tantas armas como dedos. Dos hombres más ocupan la oficina, también con todas las armas que se dejen colgar. La secretaria ni se inmuta y sencillamente advierte «que ahora el alcalde no la puede atender».

Fortul aparece 30 minutos después. En la calle hay más militares que gente. Ya va cayendo la tarde y el comercio comienza a cerrar. En la casa del alcalde, Jorge Muñoz, quien desde hace dos semanas está pidiendo por todos los medios que liberen a su hija Nohora Valentina, no cabe un periodista más.

El mandatario advierte que el secuestro de su hija es lo más grave que ha pasado en Fortul en su historia reciente y que no puede esconder que el orden público en Arauca se viene deteriorando desde hace un par de meses.

«Desde hace un tiempo ha habido mucho accionar de los grupos al margen de la ley, hay un temor creciente en la población, creo que porque es un año de elecciones. Con decirle, que el último paro armado fue hace menos de 20 días. Es claro que hemos vivido situaciones peores, pero no queremos que eso se vuelva a repetir. Hay mucha zozobra».

Atrás queda Fortul y con una nueva mañana aparece Tame, el municipio en donde hace un año, tres niños fueron asesinados al parecer por militares. Su alcalde, José Alí Domínguez, dice que en este momento el ambiente de seguridad es favorable.

«En esta zona siempre se anuncian paros armados. Tradicionalmente en Arauca se hace paro armado cuando hay elecciones. Le recuerdo que en mi municipio hay influencia de las Farc y del Eln», señala.

De regreso
Al final del viaje aparece el general Jaime Reyes Bretón, comandante de la Brigada 18. Asegura que en el último año las Farc han tenido un reacomodamiento en Arauca y que en los cerca de 23 mil kilómetros cuadrados que tiene este departamento, solo hay 800 guerrilleros.

«Arauca ha tenido una transformación en los últimos años debido a que ha entrado mucha inversión. Eso genera una serie de reordenamientos de los grupos al margen de la ley con el propósito de desarrollar actividades en contra de la infraestructura, en contra de la población y de la economía del departamento», indica Reyes Bretón

Atrás quedan Tame, Fortul, Saravena y Arauquita, mientras que doña Rosa*, una mujer de piel manchada por el sol, cuenta su historia de amor a bordo de un taxi que va a 120 kilómetros por hora con destino a Arauca. Ella no habla de guerra, pero tampoco de paz. Habla de su esposo que duerme en la cárcel desde hace dos años. Y aquí va ella, atravesando los pueblitos de Dios y señalando uno a uno los lugares donde se ha encontrado de frente con la violencia. «Aquí quemaron un bus, aquí mataron a una señora…» y así, hasta que se duerme.

Cinco horas después, doña Rosa toma su camino en busca del amor. Por lo pronto, aparece nuevamente el avión y con él, la azafata y otra vez el anuncio: «Señores pasajeros a partir de este momento vamos a apagar las luces del avión». A los 15 minutos se encienden las luces, no sin antes entender que el avión en el que vamos está jugando a las escondidas.

* Nombres cambiados para proteger la identidad de las personas. 

Datos
800
 guerrilleros de las Farc y del Eln, según el Ejército, hacen presencia en Arauca.

18 días completa la niña Nhora Valentina Muñoz secuestrada en Fortul (Arauca).

 

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