En un acto cargado de memoria y dignidad, realizado en Tame, el brigadier general (r) Sergio Andrés Garzón Vélez protagonizó uno de los momentos más significativos de reconocimiento a víctimas del conflicto armado.
Durante la ceremonia, el compareciente entregó árboles de flor amarillo como símbolo de vida y memoria a familiares de las víctimas de la Masacre de Santo Domingo, ocurrida el 13 de diciembre de 1998, en la que 17 personas perdieron la vida.
El gesto buscó sembrar un mensaje de reconciliación en un territorio marcado por el dolor. Cada árbol representó no solo el recuerdo de quienes ya no están, sino también la posibilidad de construir un futuro distinto.
“Que este arbolito traiga raíces de un reconocimiento completo… raíces buenas”, expresó María Cenobia Panqueba de Molina, una de las víctimas presentes.
El acto también estuvo marcado por palabras de perdón. Frente a Maryury Flórez Carrascal, el exoficial pidió disculpas por los hechos, en un momento de profunda carga emocional. La respuesta de la víctima reflejó la complejidad del proceso: “No sé si algún día voy a recordar esto sin llorar… pero quiero recibir su perdón”.
Más allá del simbolismo, la jornada dejó un mensaje claro: en medio de las heridas del conflicto, aún hay espacio para la verdad, la memoria y la construcción de reconciliación.

