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Autoridades realizan operativo en Arauca y hallan indicios de presuntos delitos electorales

La administración municipal de Arauca, liderada por el alcalde Juan Qüenza, adelantó un operativo de control en el barrio San Carlos, en coordinación con...
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¿Qué será lo que quieren?

Se está gestando un nuevo conflicto internacional en nuestras fronteras, y el gobierno Nacional parece no ser plenamente consciente de lo que ocurre, pese a que de manera oficial tiene conocimiento de algunos hechos graves y reiterados.

Desde hace varias semanas, más o menos coincidentes con el gobierno de Nicolás Maduro, tropas venezolanas, más concretamente de la Guardia Nacional, están hostigando a colombianos en Arauca y Guainía, en una actitud que parece un plan premeditado y que ya deja un muerto, dos heridos y siete detenidos.

¿Qué pretende la Guardia Nacional con sus reiteradas acciones armadas, incluso dentro del territorio colombiano? Porque todo lo hecho por los soldados venezolanos en por lo menos siete oportunidades ha sido con el uso de sus armas oficiales o intimidando con ellas, y siempre violando la soberanía colombiana.
 
En una de esas acciones, una patrulla de la Guardia Nacional tiroteó la canoa en que Luis Humberto Cáceres, 28 años, navegaba por el río Arauca, y lo hirió gravemente. Compañeros del herido lo rescataron, pero no hubo manera de salvarle la vida. Hubo una nota de protesta de Cancillería, pero todo quedó ahí.

Pocos días después, otra incursión en Arauca dejó dos heridos, en hechos similares. El gobernador, Facundo Castillo, informó oficialmente de este nuevo hecho, pero no se conocieron de inmediato las reacciones del gobierno.

Como tampoco se conocen en los cuatro casos de violación de la soberanía en Guainía, donde guardias armados penetraron en territorio colombiano para extorsionar indios de la comunidad Cacahual, a siete de los cuales se llevaron a Puerto Ayacucho, capital del estado Amazonas, donde los mantienen en la cárcel.

Según el gobernador de Guainía, Armando Rodríguez Sánchez, la incursión más reciente de los guardias nacionales ocurrió hace unas dos semanas, cuando cuatro de ellos, vestidos de civil y armados, entraron en la noche a Colombia para amedrentar a los indios en Puerto Inírida. Tuvieron mala suerte, porque entonces la comunidad los enfrentó y le quitaron a uno una pistola, que tiene la Fiscalía.

De acuerdo con el gobernador, los guardias venezolanos extorsionan a los indios que se dedican a la minería en los ríos fronterizos, pidiéndoles dinero para permitirles trabajar en las minas, actividad que algunos prefirieron abandonar.

En estos momentos, siete indios colombianos están presos en una cárcel de Puerto Ayacucho, a donde los llevaron a la fuerza luego de torturarlos, de lo que hay fotografías y testimonios, y sin que se sepa cuáles son las acusaciones.

Lo preocupante de estas situaciones es la actitud colombiana, limitada a notas de protesta y otras acciones diplomáticas que para nada impresionan a los venezolanos, acostumbrados, durante decenios, a imponer su ley en la frontera con Colombia y a cruzar la raya limítrofe con la razón o sin ella.

No se pretende impulsar acciones militares ni nada por el estilo, para que los vecinos dejen de atropellar a nuestros ciudadanos, pero sí invitar al gobierno a que reflexione y analice a fondo una situación en la que la Guardia Nacional penetra más y más en terreno colombiano, ya no solo extorsiona mineros indios en situación de aparente abandono colombiano, sino que los tortura y encarcela.

Pero pronunciamientos enérgicos oportunos siempre serán herramientas poderosas para calmar animosidades. Un tatequieto nunca sobra, y menos si se plantea en el momento preciso, antes de que cruzar la frontera armados y con el ánimo de atropellar se convierta en la costumbre que está cerca de configurarse.

Diario La Opinión

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