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Las trincheras del paro

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A pocos días de la jornada de protesta el país está dividido, el paro satanizado y la gente del común asustada. Los paros nacionales son una de las pruebas más duras a las que se somete a un gobierno y el del 21 de noviembre promete no ser la excepción, con los agravantes de un entorno marcado por las protestas en Chile y Bolivia, antes las de Ecuador, y las bajas notas de aceptación del presidente Iván Duque. 

La caída del ministro Guillermo Botero por el debate en el Senado llevó al gobierno y a su partido a poner un tema fuerte en la agenda para bajarle decibeles a lo que pasó en el Senado y para eso el paro era una buena oportunidad.

El mensaje del Centro Democrático sobre la infiltración del Foro de Sao Paulo “para bloquear el gobierno del presidente Iván Duque” fue el comienzo. A ello se sumó la estrategia de la Casa de Nariño, encabezada por el presidente, para desmontar los argumentos de los organizadores que han usado como bandera el rechazo a las reformas pensional o laboral. Por eso, han salido a cobrarles que lo rechacen mismas voces que en 2017 pedían salir a protestar contra el gobierno.

A pocos días de la jornada de protesta el país está dividido, el paro satanizado y la gente del común asustada. A un trino de Carlos Vives o de la nueva reina de belleza en favor del paro, llueven desde el uribismo feroces ataques como los de la senadora María Fernanda Cabal. Desde la extrema derecha empiezan a surgir grupos que quieren jugar a ser el Esmad y por las redes circula un video de un encapuchado que incita al caos, sin que hasta hoy lo hayan capturado.

Por eso muchos creen que con estos días previos al paro no han devuelto al ambiente que se vivía antes del plebiscito del 2016, cuando el miedo y la mentira le hicieron daño a los acuerdos de paz y dejaron una herida que se abre cada vez que los dos sectores en que se dividió el país chocan y dejan ver que sus diferencias son irreconciliables.


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